Epílogo. Te amo por siempre
Selene camina muy despacio hacia el cunero. El pitido de la máquina unida al pequeño y débil cuerpo hace eco doloroso en sus sienes. Siente mucha impotencia y también mucha tristeza. En la sala no hay nadie más, excepto ella y ese bebé que está luchando por sobrevivir.
Cuando se acerca lo suficiente, escudriña su rostro con un nudo gigante en su garganta. No quiere ni imaginar cómo sería si fuera Reggan el que está en este estado. Saya, dentro de su mente, también observa a ese pequeño ser que