Nuestras cabezas se giran al unísono hacia la entrada y ahí, acercándose como toro embravecido y un gesto de mala leche que solo sería más notorio si le dieran con un reflector, están la madre de Yhoseline y, junto con ella, otras dos lobas mayores que, si tengo pensar en la primera, deben de ser las madres de las otras dos chicas que se llevaron junto con la rubia.
No hay mucho trecho de distancia entre la entrada y nosotros, por lo que nos alcanzan rápidamente, sin embargo, Tayler no parec