Los rayos del sol caían sobre su rostro, eran tan cálido y agradables, que sin saber dónde estaba quería seguir ahí, respiró hondo en la tranquilidad y la paz que sentía, a pesar de la luz del sol fue abriendo los ojos poco a poco, pensando que estaba en el mundo de los lobos, a donde se iba cuando uno dejaba el mundo de los mortales.
Pero se llenó de asombro al ver el techo, su mano recorrió la suavidad de su cama, había vuelto a su casa, a su cuarto, como era posibles si ella se había lanzad