Palermo, 12 de diciembre, 1997
Mi lobo amado:
No respondes ninguna de mis cartas, y creo que tal vez se debe a que no las estás recibiendo. Hace tantos años que no nos vemos, que temo que ya me hayas olvidado.
Mi vida todos estos años ha sido un infierno.
Delante de otros sonrío, y converso y soy la viva imagen de la cordialidad.
Mi matrimonio visto desde afuera parece el epítome de la perfección, pero todo es una vil mentira.
Existo, eso es todo.
He criado al hijo mayor de mi esposo, Noah, con