Voces en la cabeza.
Pestañeó un par de veces, tratando de asimilar el entorno y se percató de que seguía estando en la habitación del hospital. Una mueca de disgusto dibujó en los labios cuando sintió el escozor en las muñecas. Según el médico, era un síntoma habitual ya que las heridas comenzaban a cicatrizar.
Se incorporó (se sentó) en la camilla, restregándose el rostro con ambas manos, barriendo el rastro de sueño que pareciera no querer abandonarlo o quizá su estado aletargado se debía al catéter en su brazo