En el amplio vestíbulo, Roland bostezaba. Las funciones que normalmente realizaba el alfa habían recaído todas sobre él y Sam.
— Debí rechazar el puesto del segundo al mando cuando me lo propuso — refunfuñó con el ceño fruncido.
Recostado contra la pared, aguardaba con tranquilidad la llegada de la luna, preguntándose si su mensaje había logrado el efecto esperado. Sabía que el tormento de su amigo era inmenso; a él también le afectaba, y lamentaba sus malas decisiones.
Cuando Kogan indicó que