El CEO ruso salió con la bella Cecilia. Ella seguía sonriendo, parecía un hermoso demonio. Pero eso al hombre no le importaba mucho si podía sacarla de la mansión para hablar con ella.
— Sube. Como el caballero que era, le abrió la puerta y puso su cinturón. Después dió la vuelta y subió él. Arrancó el coche sin tener idea a dónde rayos ir.
Cecilia checaba su teléfono, por un momento lo dejo de lado y pidió al ruso ir a un café.
— Maneja hasta la cuatro y quince. Hay un discreto café ah