En la sala de estar, de pronto se escucharon unos gritos, Dallán estaba estático en uno de los sofás intentando zafarse del agarre de un par de manitos regordetas
— ¡Sueltame, sueltame Doménico! ¡Mellizo malvado esto duele mucho, ayúdenme aquí, quitenmelo!
Andye Alcántara, llegaba apurado para soltarle las manitas al gemelo, pero este se negaba y las apretaba más
— ¡Suelta a tu tío Dallán, bebé, se bueno!
— ¡Hayyy... me va a arrancar el cabello, Andye apresurate, carajo!
— ¡Es que no