Sin Adriana dejando de llorar, Julio se desesperaba cada vez más, era como si de pronto ese apacible ingeniero aeroespacial que había conocido en la universidad, había dejado de ser el mismo para convertirse en un enfermo mental obsesionado con ella
— !Ya deja de llorar, no te estoy haciendo nada aún! ¿Quieres que de verdad sea malo contigo? ¡Estás acabando con mi paciencia!
— Está bien, está bien, ya no voy a hacer ruido, no te enfades por favor, no me hagas daño
— Así me gusta, que coo