Era media noche y Michael yacía recostado bajo un puente en una plaza poco frecuentada de Florencia. En cuanto se enteró del allanamiento a su casa por parte de los hombres de Ciro, tomó un bolso en el que empacó unas cuantas latas de comida y dos cambios de ropa, y se perdió por las calles queriendo esconderse de los hermanos Tonali. Había jugado con fuego, y ahora el fuego estaba quemándolo todo. Debía ser cauteloso para no quedar engullido por las llamas, así que se deshizo de todas sus iden