La marcha nupcial empezó a sonar y como dicta la tradición, los invitados se pusieron de pie para ver la llegada de la ansiada protagonista. Despacio, fue asomándose por el pasillo esparcido de pétalos rojos.
La novia veía con detalle a su prometido, parado al final del pasillo. Se sentía presa del destino, incapaz de decidir. Sus pies pesaban como si estuvieran atados a una inmensa bola de cemento. Huir no era una opción. Mientras que su mente repetía una y otra vez, con el más mínimo detalle