Durante horas, Bethany lloró acurrucada entre los brazos de su futuro esposo quién se lamentaba por no haberse opuesto con firmeza a su idea de querer ir a Estados Unidos. Un viaje que resultó contraproducente, pues había llegado deshecha en la melancolía por ser incapaz de recordar su casa. Ni siquiera la señorita Halston revivió en sus memorias.
Cuando la noche cayó, la mujer volvía a compartir el lecho con su prometido. Envuelta en las mismas sábanas que él. Ciro la había abrazado y consolad