Antes de que el sol despuntara en el horizonte, Ciro se había levantado del lecho que compartía con su prometida y había salido de casa sin que ella lo notara. Se dirigió al sur de Florencia donde lo custodiaron tres horas de viaje, sin permitirse hacer ninguna parada.
Su lugar de destino era una de sus empresas, la de menor producción que funcionaba más como un almacén de carga y descarga. Allí lo esperaba su hermano, que tal lucía había estado aguardando por horas. Se saludaron e ingresaron a