Janine
Observé a Jux marcharse con una sonrisa victoriosa pegada en el rostro y no pude evitar suspirar. Sabía cuánto me afectaba y era capaz de usarlo a su favor.
—Maldito seas, Jux —murmuré entre dientes mientras lo veía desde la ventana subir a su coche y alejarse a toda velocidad.
—¿El extraño ya se fue? —casi salté del susto al escuchar la voz de Ezra.
Lo había acostado junto con Isla. ¿Cuándo se despertó?
—¿Ezra? —dije su nombre asombrada—. ¿Por qué no estás durmiendo?
En lugar de respond