Janine
Observé a Jux marcharse con una sonrisa victoriosa pegada en el rostro y no pude evitar suspirar. Sabía cuánto me afectaba y era capaz de usarlo a su favor.
—Maldito seas, Jux —murmuré entre dientes mientras lo veía desde la ventana subir a su coche y alejarse a toda velocidad.
—¿El extraño ya se fue? —casi salté del susto al escuchar la voz de Ezra.
Lo había acostado junto con Isla. ¿Cuándo se despertó?
—¿Ezra? —dije su nombre asombrada—. ¿Por qué no estás durmiendo?
En lugar de responderme, pasó a mi lado y se dirigió hacia la ventana.
—Escuché ruidos —respondió sin apartar la mirada del cristal.
Miré de inmediato por la ventana para asegurarme de que el coche de Jux ya estuviera totalmente lejos.
—¿Ruidos? —fingí no saber de qué hablaba.
—El extraño…
—Ya se fue —interrumpí sus palabras y lo tomé enseguida en brazos.
—Oh —asintió.
—Debes dormir un poco más —lo acosté en mi cama y me recosté a su lado.
Ezra era sabio y muy listo para su edad. Sabía que no podía ocultarle nada,