309. Caminos
Amber
El silencio en la sala era pesado, como si cada palabra intercambiada entre nosotras siguiera flotando en el aire. Mi mente daba vueltas, intentando asimilar todo lo que mi madre —Uria Bayer— acababa de contarme.
Se levantó del sofá y me lanzó una última mirada cargada de expectativa. Pero yo no pude devolvérsela. Aún no sabía qué sentir.
"Sé que necesitas tiempo", dijo, acomodándose la correa del bolso sobre el hombro. "Pero estaré aquí, siempre que estés lista para hablar."
No respondí