281. Nunca tenemos un minuto de paz
Amber
La habitación quedó en silencio durante unos segundos después de que pronunciara los nombres de nuestras hijas.
Leonardo respiró hondo, con el pecho subiendo y bajando de forma pesada. Sus ojos eran distintos ahora. No era preocupación ni miedo. Era algo más grande.
Sostuvo mi rostro con delicadeza, como si yo fuera de cristal, como si quisiera grabar ese instante en su memoria.
"Francesca y Sophie…" susurró, probando los nombres como si saboreara cada sílaba.
Asentí contra su pecho, sint