113. Mía
Amber
Nos quedamos en el pasillo mientras los demás se alejan; el sonido de sus voces se va apagando hasta desaparecer. Estoy allí, quieta, mientras la mirada de Leonardo permanece sobre mí. Es tan intensa que casi puedo sentir su fuerza envolviéndome. Se acerca despacio; sus ojos oscuros se suavizan al encontrar los míos.
«Estos tres años», su voz es baja, casi un susurro, pero cargada de emoción, «te odié tanto. Por todo lo que perdí». Se detiene un instante y, por un segundo, creo que no seg