La última campana me sacó de mis pensamientos agitados. Me levanté del escritorio vacío del profesor y me tambaleé hacia la puerta. Mis piernas se sentían temblorosas y el punto sensible entre mis piernas estaba un poco adolorido.
Era un corto paseo hasta el casillero de Tori y para mi sorpresa, ella ya estaba allí.
Las primeras palabras de Tori casi me hicieron caer.
“Woah, ¿qué diablos le pasó a tu cuello?”. Tori se quedó boquiabierta, sus ojos clavados en algo que yo no podía ver.
“¿Q-Qué