Los rayos se asomaban en el cielo atestado de neblina. Causando vigorosos estruendos al descender en el pavimento bañado de sereno.
Las nubes empezaban a tornarse cada vez más grisáceas en tanto denotaban gotas de lluvia que caían sobre las camelias azuladas esparcidas en el jardín.
Adeline se desplazó prestamente por el camino adoquinado del vergel sosteniendo entre sus brazos el cuerpo trémulo de Jean Pierre.
Damien les abrió las formidables puertas de la mansión. Priorizando de que ambos fu