La lluvia caía con ferocidad sobre el pavimento, rayos efímeros resplandecían la noche antes de volver a desaparecer. El estruendo de los truenos retumbaba la mansión, ahogando en ella los incensantes disparos proferidos por los hombres del hijo mayor de los Sonobe.
Cada hombre uniformado al mando de Adler, arriegaba la vida por su amo.
_ Debe irse ahora Sr. nosotros nos encargaremos. _ Vociferó Adler, protegiendo a Jean Paul de los disparos.
Aturdido, Jean Paul corrió hacia la salida del lugar.