Adeline contemplaba la ciudad de Lyon, desde los colosales ventanales de la oficina de Jean Paul, con una copa de vino en la mano.
Los imponentes rasca cielos vecinos, emitían coloridas luces que resplandecían en la oscuridad de la noche. Aquella vista dibujó una sonrisa en el rostro de Adeline.
_ ¿Sabes? Siempre me ha gustado lo que hago, a diferencia de mis hermanos, no estoy aquí por obligación. _ Sirviéndose más vino, se posicionó al lado de ella.
_ Yo creo que nadie estaría aquí por obliga