Sus ojos dorados, contemplaron la sangre brotar de los cadáveres desparramados en la nieve, al bajar desasosegado del Jeep. Montículos de soldados, de ambos bandos, se encontraban aglutinados en distintas áreas del palacio.
La tormenta había cesado, el panorama blanquecino se dispersó por completo. El cielo se tornó oscuro, avecinando la noche.
Jean Pierre caminó sobre el pórtico ensangrentado, atravesando la puerta entreabierta seguido por André.
Soldados aún en pie, auxiliaban a los heridos,