Capítulo ciento treinta y uno: Intentado ser fuerte.
Las caricias y los besos continuaban, ya me tenía desbordada de lujuria, cuando se quitó la ropa que sobraba, lo abrace con ganas; elevando mis piernas a sus caderas, mientras mordía con suavidad el borde de su oreja.
Comencé a sentir como su sexo se habría paso en mí, una leve embestida; lo hacía soltar el aliento y volvía a besarme mientras lo apretaba más a mí, para sentirlo aún más; sentirlo completo.
Era un ejemplar de hombre perfecto, el movimiento de mis caderas se elevaba, junto a su