Capítulo ciento cincuenta y nueve: Un nacimiento repentino.
Ha pasado una semana desde que ella desapareció, la policía no tiene ninguna pista, mi gente tampoco y ni siquiera han llamado pidiendo un rescate, nada, no hay nada y yo estoy a punto de volverme loco.
Comienzo a soltar la frustración, a golpes con el armario de mi apartamento, no me importa el dolor de mis puños. Renata me encuentra encarnizado en ese momento donde la vista se nubla por completo, como un animal con rabia. Ella me grita, intentando que pare, pero no tiene suerte; un golpe en