EMMA
Miro un punto fijo en el suelo cuando el doctor, que está delante de mí, me informa del estado en el que se encuentra mi madre. Los rayos del sol se filtran por la ventana.
—Lo siento mucho, señorita Blacke —dice el hombre—. Su madre ha luchado todo lo que ha podido, pero su cuerpo ya no resiste el tratamiento.
Me quedo callada, tratando de procesar cada una de las palabras del médico, sabía que este día iba a llegar, sinceramente nunca tan pronto, mis manos se han congelado, el miedo me i