Sus ojos son dos llamaradas que me lanzan amenazas silenciosas, toma su bolso y sin decir nada pero con el mentón levantado, sale maldiciendo, cierro la puerta sintiendo que me quitan un peso de encima. Mi móvil no deja de sonar, mi hermana llama a cada tanto. Rechazo cada una de sus llamadas, respondo mensajes del trabajo.
Estoy a nada subirme al auto, cuando recibo una nueva llamada de Marian, molesto, termino por responderle.
—¿Puedo saber por qué tanta insistencia?
—¡¿Le diste los terrenos