No me responde, pero sus manos tiemblan, sé lo que es pasar hambre, meto la mano en la bolsa que cargo en brazos y saco un bollo.
—Tome, no es mucho, pero ayudará —le digo sonriendo.
Él me sostiene de la mano con fuerza, me quedo quieta y luego me suelta, le regalo una última sonrisa aunque no pueda verme, y sigo mi camino, estoy llegando a mi apartamento cuando mi móvil comienza a sonar, veo la pantalla, aparece un número desconocido, frunzo el ceño y contesto.
—¿Diga?
Silencio, es la única re