Alexander la tenía completamente atrapada.
Maya contuvo la respiración.
—Relájate —la voz baja y ronca de Alexander resonó junto a su oído—. Concéntrate.
Su aliento rozó la sensible piel de su cuello, provocando que ella se estremeciera.
Los ojos de Alexander se oscurecieron al notar su reacción, y su mirada se deslizó por el perfil de Maya.
Ella sintió ese escrutinio sin necesidad de mirarlo.
—Señor Brook, concéntrese —le recordó con voz tensa.
Un destello peligroso cruzó los ojos de Alexander