—Todo el mundo tiene derecho a una defensa, Janeth —Ray recogió sus archivos y se dirigió a su escritorio.
—Por eso hay defensores públicos.
—Los defensores públicos son unos imbéciles incompetentes.
—No puede pagar nuestros honorarios. —Ella señaló.
Ray se encogió de hombros.
—Dijo que puede conseguir el dinero.
Si pone en venta la casa de su madre. Ella levantó las manos.
—El hombre te está diciendo que va a echar a su propia madre de su casa solo para pagarte.
—Eso no es asunto nuestro. Asíg