—Esto es imposible. —Janeth tiró sus cartas sobre la mesa y observó cómo las fichas que se encontraban en el centro de la mesa eran arrastradas—. ¿Cómo diablos estás haciendo eso?
Trudy Wolf se rió.
—Cariño, conozco las cartas.
—Ya lo veo.
Janeth estudió a la mujer del otro lado de la mesa. Esperaba encontrar a una ancianita consumiéndose por su enfermedad. Estaba muy equivocada.
Trudy Wolf medía 1,80 metros, tenía el pelo rubio y blanco y unos ojos azules penetrantes. Puede que tenga un pri