73. ¡Él no puede ser mi padre!
Dayleen no lograba dormir. Sus bebés se movían con fuerza, como si también sintieran la tormenta en el aire. Habían comenzado a ganar algo de fuerza desde que llegó al Imperio de Aryndell, lo cual tenía sentido; era un lugar lleno de magia y poder antiguo.
—No me dejan en paz —susurró mientras acariciaba su vientre—. ¿También están sintiendo lo mismo que yo? Tenemos que ir por respuestas, aunque tengamos miedo. Bueno, yo tengo miedo...
Una energía espesa la envolvía. La conexión con su loba