Una sirvienta los esperaba en la entrada de la casa. Llevaba un vestido negro con mangas y un delantal blanco. Llevaba la ropa bien planchada y el cabello gris recogido en un moño.
Su sonrisa era cálida y acogedora. Los pies de Ashley parecieron acelerarse al verla.
“Ashley, bienvenida a casa; la hemos echado mucho de menos”. Los brazos de Maureen se abrieron de par en par y estrechó a Ashley en un cálido abrazo. No pudo evitar sonreír a la mujer, que era como una madre para ella cuando vivía