Pum, pum, pum.
Esa es mi cabeza. Está latiendo con fuerza. Intento moverme, pero oigo un sonido gutural y casi áspero como un gruñido. Debí de tardar un minuto entero en darme cuenta de que procedía de mí. Abrí los ojos y los entrecerré; al menos podía ver; bueno, lo haría en cuanto mi visión fuera menos borrosa. Intenté asimilar lo que me rodeaba. Estaba en un suelo frío y duro, eso estaba claro. La habitación en la que estaba no era muy luminosa, solo lo suficiente para ver. Me incorporé y so