Bella…
Después de que Ace y Raffael se marcharan, todavía podía sentir los ojos de esa chica sobre mí.
‘¿Cuál es su maldito problema?’, pensé.
Decidí ignorarla y miré detrás de mí, viendo a mis amigos aun a mi lado.
"¿Saben que pueden comer y beber, verdad?", les pregunté. Parecían aburridos hasta la médula.
Tommaso me miró con una sonrisa burlona.
"¿Por qué el cambio de actitud repentino?".
"¿De qué hablas?", fruncí el ceño, confundida.
"Si fueran otros guardias, solo les habrías permit