Me quitó las bragas y me frotó el núcleo con el dedo, haciéndome desearlo más.
Me metió el dedo pero yo quería más. “Oh, joder, Ashton. Necesito más”, gruñí. Nunca lo había hecho antes.
Me metió otro dedo. “Sí, oh, joder”, gemí mientras él metía dos dedos dentro de mí.
“Móntate en mis dedos, Amore”, susurró contra mi pecho.
No tuvo que decírmelo dos veces. Empecé a mecerme contra sus dedos. Me miró como si fuera su posesión más preciada. Puse los ojos en blanco mientras seguía cabalgando sob