Ashton…
Me paseé por la sala de un lado a otro, preguntándome si debía llamarla. Tenía que disculparme con ella por mi comportamiento. Quería abofetearme a mí mismo esta mañana cuando le grité. Me di cuenta de que estaba a punto de llorar y de que todo era culpa mía.
“¡Joder, qué hice!”, grité.
“Hijo, ¿qué te pasa?”, preguntó mi padre, entrando en la sala. Tenía el ceño fruncido de preocupación.
Negué con la cabeza. “No lo sé. Siento que metí la pata”, murmuré, frotándome la cara.
“¿Pasó al