Rosa…
Ashton me había despertado cuando aterrizamos y me quedé maravillada al ver las luces de la ciudad. Se veía preciosa. Fuimos al hotel y algo me decía que o era el dueño o venía aquí con regularidad ya que la gente lo saludaba con una sonrisa en la cara.
Lo seguí hasta el ascensor una vez que nos registró y le pregunté: “¿También eres el dueño?”.
“Sí, es nuestro hotel familiar”, afirmó con orgullo.
Vaya, qué rica es esta gente.
Llegamos a una habitación y no pude evitar preguntarme por