Adrian…
“¿Cuánto falta?”. Me quejé desde la parte trasera de la furgoneta. Estábamos en Los Ángeles, de camino a casa de Kieran con las autoridades locales. Estábamos cerca y me moría de ganas de ver a Willow. Me daba golpecitos nerviosos con el pie y no paraba de mirar la hora en el móvil. Cinco minutos más y la tendré de vuelta. La furgoneta se detuvo frente a una mansión.
“Este es el plan”, dijo Thomas mientras conducía. Había conseguido planos de la mansión y dividido a sus hombres en dos