Una vez satisfechos con su trabajo, se fueron. Estaba a punto de agarrar el teléfono del bolso cuando escuchó a alguien decir. “¡Dios mío! ¡Will! ¿Qué pasó?”. Kylie jadeó mientras entraba en la sala de estar, mirando horrorizada mi casa.
En cuanto escuché su voz, dejé caer mis lágrimas. Entró corriendo, pisando los cristales rotos del suelo, y se inclinó para abrazarme. Me aferré a ella y lloré. Al cabo de un rato, la miré y vi sus ojos enrojecidos por el llanto.
“Will, ¿qué pasó aquí? Me preo