La tarde del lunes siguiente, el director Sterling Thorne estaba sentado en la calma de su oficina, con el recuerdo de la rendición desafiante de Nova todavía como una corriente subterránea, agradable y vibrante, recorriéndole las venas. La había observado en los pasillos entre clase y clase, notando la inclinación nueva y secreta de su sonrisa burlona cuando sus miradas se cruzaban. Había sido un juego bien jugado.
Hoy, sin embargo, el reto era distinto. Le echó una mirada a la carpeta abierta