Frederick
Cuando llegué a la terraza vi a Arthur apoyado contra la baranda observando la marea tranquila, la arena blanca brillando bajo el sol. A lo lejos se veía a Leah y los niños jugando en la orilla. Ella corría y ellos la perseguían riendo.
No pude evitar sonreír al verlos.
Él apretó los labios en una fina línea y frunció el ceño cuando me escuchó entrar, mirando sobre su hombro.
—Arthur. —Lo saludé, nervioso. Las manos me sudaban y me sentía un niño bajo su mirada inquisidora.
Ni s