Frederick
Estaba nervioso de los cojones cuando llegamos a la puerta de la casa y sentía que mis dedos temblaban cuando coloqué el código para desbloquear la entrada.
«No debí decir que estaba ridículamente enamorado, probablemente». Pensé mientras tecleaba, porque ella no respondió nada y realmente esperé que lo hiciera, por lo que luego cuando estábamos tumbados en la arena cuando ya el sonido de las olas rompiendo comenzaron a arrullarnos, dejé escapar un largo suspiro, antes de decir:
—Te