Capítulo 32. Equivocado
Los días posteriores a la muerte de Rachel fueron una sucesión de silencios rotos solo por el sonido de botellas y puertas que se cerraban. El funeral había sido breve, casi clínico. Gente de traje negro, palabras huecas, un ataúd cerrado porque el cuerpo de Rachel ya no soportaba más miradas. Lionel había estado presente, sí, pero como una sombra. Estrechó manos, asintió cuando le hablaban, y en cuanto terminó la ceremonia se subió al auto y no volvió a salir de la casa.
Desde entonces vivía e