—Hola, eres caperucita roja, ¿cierto?
—Sí. Tú eres quien me encontraría, ¿me equivoco?
—No... Eres muy linda, me gustas.
—Gracias... Tú también eres lindo.
—¿Quieres jugar?
—Sí, pero no podemos ahora porque tenemos que estar ocultos hasta que venga mamá. ¿La tuya vendrá por ti también?
—No... Mi mami se fue al cielo...
—Y, ¿volverá pronto?
—No...
—¿Por qué?
—Porque se convirtió en una estrella que brilla en el firmamento. Nunca la conocí…
—Lo siento mucho...
—Gracias... Pero ya no e