Al final no se fue, su obsesión por la servidora fea, Angélica, lo había trastornado a tal punto que decidió quedarse unos días más, e ir en su auxilio.
Aparte de que le enloquecía la idea de que el lobo diablo la tuviera en su poder. Cuando la noche empezó a caer, oculto su olor, era fácil las brujas sabían cómo hacerlo. Bruna le entrego un ungüento para lograrlo. Antes de marcharse del pueblo de manera definitiva con su hermana, una loba pura que no le causaba repulsión.
Lo uso sin pensarlo,