El amanecer fue más impresionante desde las alturas, cuando despertó, desenredo sus piernas de las del fuerte hombre que tenía al lado. Musculoso, con una facciones duras y excitantes.
Se alejo un poco para colocarse en la entrada de esta. El cálido resplandor hizo vibrar su cuerpo. Después se le erizo cada átomo cuando sintió unos brazos enmarcar su cintura, pequeños besos juguetones recorrer su cuello.
—Abre un poco las piernas, pequeña bruja.—Le susurro al oído.
No tardo en sentir su dureza