Capítulo 34: Caricias muy traviesas.
—Ah… Si… Quítame todo… —susurró Connie, pidiendo ser desnudada, perdiendo el juicio poco a poco, sus lágrimas emergiendo, lágrimas del insoportable deseo que sentía.
La tela del vestido fue rota ferozmente, y ella sintió que su respiración se volvía irregular. La adrenalina y el deseo se entrelazaban, llevándola al borde de la locura.
Entonces, sin previo aviso, Gael la atrajo hacia él en un nuevo beso profundo y apasionado.
—Umm~ —Connie de inmediato apoyó sus manos en las mejillas de él,