Federico abrió los ojos. La luz le molestaba, la cabeza le latía con fuerza. Instintivamente, extendió la mano hacia el lado vacío de la cama. Por supuesto, Lizzy no estaba. Entonces lo recordó todo.
Sintió que seguía atrapado en una pesadilla de la que no podía despertar.
Intentó incorporarse, pero el mareo lo obligó a hacerlo con lentitud. Como pudo, se dirigió a la sala. Todo estaba limpio y acomodado, excepto el piano. Víctor no había alcanzado a retirarlo.
Federico dejó escapar un quejido,