Ahora estábamos los dos en el sofá del despacho, yo estaba medio acostada en esté y Alonso postraba su cabeza en mi panza mientras me abrazaba por la cintura y yo peinaba un poco su largo cabello, había crecido demasiado desde su último corte.
- No logro escuchar nada- dijo con un puchero en los labios, había estado tratando de decirle eso desde que se le ocurrió la loca idea de escuchar a nuestro hijo con sólo poner su oído sobre mi estómago, pero el señor "todo lo puedo" siguió intentando pes