Luego del abrumador y preocupante encuentro el Sr. Lobo nos siguió por detrás a Ruth y a mí, nos cuidaba las espaldas. Al cabo de pocos minutos llegamos a casa, tenía una curiosidad gigantesca en preguntarle qué o quién era lo que nos atacó, pero no quería parecer una loca y que vuelva a ignorar mis preguntas, así que guardé la compostura hasta llegar a casa. Al entrar el Lobo se quedó en la puerta y no tuve más remedio que preguntarle.
- ¿Peliblanco, no quieres pasar? ¿No quieres que te ayude c